martes, 25 de noviembre de 2014

Género de algunos sustantivos problemáticos


En español hay sustantivos que presentan dificultad al momento de establecer su género. ¿Cuál es el género de las palabras espiral, azúcar y alerta?

ESPIRAL

Es de género femenino: Una espiral es una línea curva generada por un punto que se va alejando progresivamente del centro a la vez que gira alrededor de él.

AZÚCAR

Es de género ambiguo: es válido su uso en masculino o femenino.

Cuando va sin adjetivo, suele usarse el artículo el: Hay que agregar el azúcar.

Cuando lleva un adjetivo, este puede ser de los dos géneros, pero predomina el uso del femenino. Hay que usar azúcar negra.

Con el sentido de “hidrato de carbono simple” predomina el uso del género masculino, en singular o plural. El consumo de los azúcares de absorción rápida provoca un gran aporte de calorías.

Este sustantivo admite su uso con la forma el del artículo y un adjetivo en forma femenina. Agregue el azúcar blanca y revuelva. El azúcar molida se utiliza en repostería.

La palabra azúcar presenta esta particularidad, a pesar de que no comienza con /a/ tónica. “Se trata de un resto del antiguo uso de la forma el del artículo ante sustantivos femeninos que comenzaban por vocal, tanto átona como tónica, algo que era normal en el español medieval”


ALERTA

Esta palabra proviene del italiano all'erta, una locución con la que se instaba a los soldados a ponerse en guardia ante un ataque.

Como sustantivo el DRAE le atribuye género femenino, pero en el Diccionario Panhispánico de Dudas (RAE) se reconoce el uso en ambos géneros, con predominio del femenino. Alerta amarilla / naranja / roja. Se mantiene la alerta máxima por inundaciones.



lunes, 24 de noviembre de 2014

Sustantivos masculinos terminados en -a


En general los sustantivos que terminan en _a en español son de género femenino, pero hay algunas excepciones, como la palabra día -y su compuesto mediodía-, de origen latino, que a pesar de ser de género masculino termina en _a. Día proviene de dies, vocablo latino masculino (jornada, en general) o femenino (fecha específica), pero en plural siempre masculino.

El caso opuesto entre los vocablos de uso más frecuente es la palabra mano, terminada en _o, pero de género femenino. En latín, manus era de género femenino; al pasar del latín al español la terminación _us se convirtió en _o, pero se mantuvo el género original de la palabra.

La mayoría de las palabras de género masculino terminadas en _a son cultismos de origen griego (helenismos) terminados en _ma y _ta. Todas estas palabras masculinas deben ser precedidas por los artículos el o un.


Helenismos terminados en _ma

A partir del siglo XV, el renovado interés por la cultura clásica favoreció la entrada de términos griegos. El origen erudito de estos helenismos hizo que llegaran a nuestro idioma como masculinos, sin que prevaleciera la tendencia analógica de los femeninos en _a. Es el caso de DILEMA, IDIOMA, PROBLEMA, TEOREMA, PROGRAMA, LEMA y SISTEMA.

Vocablos como lema y sistema fueron incluidos en los primeros diccionarios de la RAE como femeninos, y fluctuaron durante bastante tiempo en cuanto al género.

A partir del siglo XVIII, el desarrollo de las ciencias impulsó la incorporación de más helenismos, como TRAUMA o SOMA; y posteriormente la ciencia y la tecnología recurrieron al griego para crear términos especializados, como TELEGRAMA, CRIPTOGRAMA, LEXEMA, MORFEMA, FOTOGRAMA, HEMATOMA, TRIPANOSOMA, entre muchos otros.

La presión erudita influyó en que antiguos helenismos femeninos o ambiguos pasaran a ser masculinos, como: AROMA, CISMA, CLIMA, DOGMA, DRAMA, ENIGMA, FANTASMA, PRISMA y SOFISMA.

La doble presión de la analogía y la etimología ha hecho que los helenismos en _ma quedaran divididos en femeninos y masculinos. Entre los helenismos que llegaron a través del latín y se conservan femeninos están AMALGAMA, ASMA, BROMA, CALMA, CIMA, COMA, CREMA, DIADEMA, ESTRATAGEMA y PÓCIMA. 

Algunos helenismos continúan siendo ambiguos, como ANATEMA y DRACMA.


Helenismos terminados en _ta

Se dio el caso de helenismos que pasaron al castellano por el latín, por vía culta, que tuvieron un uso vacilante en cuanto al género. En la Edad Media, PLANETA y COMETA fueron consideradas palabras de género femenino, pero posteriormente el uso culto impuso el masculino para los significados relacionados con la Astronomía. El femenino se aplicó a otros significados: la planeta (casulla de forma redondeada) y la cometa (juguete; barrilete en Argentina).

Hay helenismos terminados en _ta, referidos a varones, que nunca fueron considerados femeninos, pero que actualmente son de género común porque pueden estar referidos a mujeres, como ATLETA, ASCETA, EREMITA, ANACORETA y DÉSPOTA.

Los numerosos cultismos y términos técnicos de género masculino terminados en _a han generado hipercorrección en casos como el de MAPA, que nació como tecnicismo y procede del femenino latino mappa.

Ver más:


Oficios y pasatiempos

Hay otro grupo de palabras terminadas en _ta, que pueden ir precedidas de artículo femenino o masculino, según si se refieren a un varón o a una mujer.

Algunos ejemplos de palabras que terminan en _a que admiten artículos femeninos o masculinos son: el / la DEPORTISTA; el / la TENISTA; el / la AJEDRECISTA, el / la ASTRONAUTA; el / la MALABARISTA; el / la TURISTA; el / la (MOTO)CICLISTA; el / la AUTOMOVILISTA; el / la TAXISTA; el / la FINANCISTA; el / la ESTILISTA; el / la ESCOLTA. Las palabras de este grupo provienen de diversas lenguas.

Entre los oficios que solo puede desempeñar el varón se encuentra el de cura: se trata de una palabra de género masculino terminada en _a. El origen de la palabra cura es latino: cura en latín es cuidado, atención. En español existe el cura (sacerdote) y la cura (remedio para una dolencia).

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Tema relacionado:
Origen de las palabras del español

viernes, 21 de noviembre de 2014

Sustantivos femeninos con artículos "el" y "un"

¿Por qué se usan los ártículos el y un ante algunos sustantivos femeninos?

Los sustantivos que comienzan por el fonema /a/ tónico llevan el artículo el o un en vez de la o una, cuando se dan las siguientes condiciones:

a) este sustantivo pertenece al género femenino;
b) este sustantivo está en singular;
c) el artículo va inmediatamente delante del sustantivo.

El uso de el o un ante sustantivos femeninos en singular encabezados por a_ tónica (grafía a_ o ha_) no implica un cambio de género. Los sustantivos correlacionan, por lo tanto, con adjetivos femeninos.

Algunos ejemplos:

ALMA
El alma pura ---> Las almas puras
Un alma pura ---> Unas almas puras

ÁNIMA
El ánima bendita ---> Las ánimas benditas
Un ánima bendita ---> Unas ánimas benditas

AGUA
El agua cristalina ---> Las aguas cristalinas
Un agua cristalina ---> Unas aguas cristalinas

AULA
El aula luminosa ---> Las aulas luminosas
Un aula luminosa ---> Unas aulas luminosas

ARMA
El arma blanca ---> Las armas blancas
Un arma blanca ---> Unas armas blancas

HAMBRE
El hambre canina ---> Las hambres caninas
Un hambre canina ---> Unas hambres caninas

HABLA
El habla clara ---> Las hablas claras
Un habla clara ---> Unas hablas claras

HACHA
El hacha peligrosa ---> Las hachas peligrosas
Un hacha peligrosa ---> Unas hachas peligrosas

ÁGUILA
El águila guerrera ---> Las águilas guerreras
Un águila guerrera ---> Unas águilas guerreras

ALA
El ala pequeña ---> Las alas pequeñas
Un ala pequeña ---> Unas alas pequeñas

AVE
El ave voladora ---> Las aves voladoras
Un ave voladora ---> Unas aves voladoras

ANCLA
El ancla pesada ---> Las anclas pesadas
Un ancla pesada ---> Unas anclas pesadas

ÁREA
El área protegida ---> Las áreas protegidas
Un área protegida ---> Unas áreas protegidas

HADA
El hada generosa ---> Las hadas generosas
Un hada generosa ---> Unas hadas generosas

(H)ARPA
El arpa melodiosa ---> Las arpas melodiosas
Un arpa melodiosa ---> Unas arpas melodiosas
Más ejemplos: ACTA, ALGA, ARIA, ASA, AURA, HABA, HAMPA, entre otros.

Cuando el uso del diminutivo afecta la acentuación de la palabra y el sustantivo femenino singular no comienza con /a/ tónica, se utilizan los artículos femeninos la o una.
Ejemplo: 
El agua tibia / Un agua tibia ---> pero La agüita tibia / Una agüita tibia.

En el caso de los compuestos de sustantivos femeninos (como ave / avemaría y agua / aguamarina) cuyo primer elemento, tomado por separado, comienza con /a/ tónica, a diferencia de la forma compuesta, que comienza por el fonema /a/ átono, el uso de los artículos es fluctuante. 

Para la palabra avemaría la RAE reconoce el uso habitual de los artículos el y un en concordancia con el sustantivo singular:

AVEMARÍA [oración a la Virgen María]
El avemaría ---> Las avemarías
Un avemaría ---> Unas avemarías
Aunque recomienda el uso de la y una para el sustantivo en singular.
Cf: http://lema.rae.es/dpd/srv/search?key=avemar%EDa 
 
La RAE también recomienda el uso de los artículos la y una para las palabras aguamarina y aguamala (aguaviva), puesto que, a diferencia del sustantivo agua, no comienzan con a_ tónica. 

AGUAMARINA [gema, piedra preciosa]
La aguamarina ---> Las aguamarinas
Una aguamarina ---> Unas aguamarinas

AGUAMALA / AGUAVIVA (Argentina) [medusa]
La aguaviva ---> Las aguavivas
Una aguaviva ---> Unas aguavivas





Un caso especial es el sustantivo ARTE, que en singular es masculino (con excepción de El Arte poética [Horacio: Ars poetica]); y en plural es femenino:

El arte gótico. El arte moderno. El arte refinado.
Pero ---> 
Las artes plásticas. Las artes escénicas. Las bellas artes.

La regla general es que ante un sustantivo femenino en singular que empieza con a- o ha- tónicas se emplean solamente los artículos el (determinante) y un (indefinido), siempre y cuando estos artículos precedan inmediatamente al sustantivo. Pero cuando entre el artículo y el sustantivo se intercala, por ejemplo, un adjetivo, se emplean la y una: La misma agua; Una afilada hacha.

Más ejemplos:

El alma inmortal / Un alma inmortal.  
Pero ---> La inmortal alma ---> Una inmortal alma

El hacha pequeña / Un hacha pequeña. 
Pero ---> La pequeña hacha ---> Una pequeña hacha

El arma poderosa / Un arma poderosa.  
Pero ---> La poderosa arma ---> Una poderosa alma 

El habla incomprensible / Un habla incomprensible.  
Pero ---> La incomprensible habla ---> Una incomprensible habla

En plural, estos sustantivos llevan el artículo femenino normal: Las almas inmortales; Las armas poderosas.

Cuando el sustantivo femenino comienza con fonema /a/ átono, correlaciona con los artículos femeninos la y una: la abeja / una abeja; la avispa / una avispa; la almendra / una almendra; la alegría / una alegría.

Ante adjetivos que comienzan por a- tónica se usan los artículos femeninos la y una: La alta jerarquía eclesiástica. Una ardua tarea. La árida llanura. Una áspera respuesta.

Más información:



El Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE señala que “El artículo femenino la toma obligatoriamente la forma el cuando se antepone a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (gráficamente a- o ha-) […] Hay que señalar, no obstante, que la forma el es, en determinados casos y por herencia histórica, una variante del artículo femenino la. […] Aunque esta forma es idéntica a la del artículo masculino, en realidad se trata, en estos casos, de una variante formal del artículo femenino.

El artículo femenino la deriva del demostrativo latino illa, que, en un primer estadio de su evolución, dio ela, forma que, ante consonante, tendía a perder la e inicial: illa > (e)la + consonante > la; por el contrario, ante vocal, incluso ante vocal átona, la forma ela tendía a perder la a final: illa > el(a) + vocal > el; así, de ela agua > el(a) agua > el agua; de ela arena > el(a) arena > el arena o de ela espada > el(a) espada > el espada. Con el tiempo, esta tendencia solo se mantuvo ante sustantivos que comenzaban por /a/ tónica, y así ha llegado a nuestros días. 

El uso de la forma el ante nombres femeninos solo se da cuando el artículo precede inmediatamente al sustantivo, y no cuando entre ambos se interpone otro elemento: el agua fría, pero la mejor agua; el hacha del leñador, pero la afilada hacha. En la lengua actual, este fenómeno solo se produce ante sustantivos, y no ante adjetivos.”  

Ante sustantivos femeninos que comienzan con a_ tónica se usa el indefinido un y frecuentemente sus compuestos algún y ningún (apócopes): un alma, algún hada, ningún arma. Pero es incorrecto utilizar las formas masculinas de los demostrativos este, ese y aquel: *este alma, *ese hada, *aquel arma (se dice esta alma, esa hada, aquella arma). 

Excepciones al uso de la forma el del artículo ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica:

Letras del alfabeto. Se usa la y no el ante los nombres de las letras a, hache y alfa. Ejemplo: La a es una vocal abierta.

Ante los nombres propios de mujer, cuando llevan artículo. Ejemplo: Ya no es la Ana que conocí.

Ante las siglas. Ejemplo: La AFA (Asociación Argentina de Fútbol).

En el caso de los sustantivos que comienzan por /a/ tónica y designan seres sexuados, si tienen una única forma, válida para ambos géneros, se mantiene el uso de la forma la del artículo cuando el referente es femenino, ya que este es el único modo de señalar su sexo: la árabe (la forma masculina es el árabe).

Si se trata, en cambio, de sustantivos de dos terminaciones, una para cada género, la tradición nos ha legado el uso de la forma el del artículo ante el nombre femenino, como en el caso de ama. El ama de casa (femenino). El amo del campo (masculino).

Cuando el artículo acompaña a topónimos femeninos que comienzan por /a/ tónica, su uso es fluctuante. Con los nombres de continentes se usa el: El África negra; El Asia milenaria. Con los países generalmente se usa la: Se crió en la Austria católica; al igual que con las ciudades: Vivió en la Ámsterdam moderna. La ciudad de La Haya incluso tiene el artículo la como parte de su nombre.

Más información:



Historia de la lengua

Como se ha explicado, ante sustantivos femeninos en singular encabezados por el fonema /a/ tónico, se utiliza el determinante el y el indefinido un, aunque su uso no implique un cambio de género. El uso de estos artículos se relaciona con la evolución del latín al español:

Conviene recordar que las formas el y un que combinan con palabras femeninas que empiezan por a (ha) tónicas son históricamente femeninas, pues proceden de los femeninos latinos illam (> ell> el(a)), unam (> un(a)). Por ello, hay que hablar de unas formas el, un masculinas (el niño, un niño), y otras femeninas (el alma, un alma)”. (Gómez Torrego, L.: Manual de español correcto. Madrid: Arco/Libros, 1991, vol. 2, pp. 39 y 41).

“En realidad, el artículo el (de el hada) no tiene el mismo origen que el artículo masculino el (de el río). El castellano, en la Edad Media, contaba con un artículo masculino elo (del latín illum) y otro femenino ela (del latín illa). Este último, por motivos eufónicos, perdía la vocal final el(a) cuando le seguía un sustantivo que comenzaba por vocal, evitando el encuentro de las dos vocales. Con el paso del tiempo, este proceso se ha restringido a sustantivos femeninos que comienzan por a o ha tónicas. De ahí que la forma correcta del artículo en el hada, así como en el agua, el hacha y el alma, corresponde al uso de el, entendido como una variante femenina y no masculina. Esto lo podemos comprobar al ver que la concordancia afecta también al adjetivo que acompaña a estos sustantivos femeninos: el hada generosa, el agua contaminada, el hacha afilada y el alma inquieta” (cf: http://castellanoactual.com/el-hada-o-la-hada/ ).

martes, 18 de noviembre de 2014

La muerte de Roland 1 / 2


La Chanson de Roland (el Cantar de Roldán, en español), es un cantar de gesta datado a finales del siglo XI. Se trata de un poema épico francés, del Ciclo de Carlomagno.

El texto del llamado Manuscrito de Oxford, escrito en anglo-normando (c. 1170), consta de 4002 versos distribuidos en 291 tiradas.

En el cantar se narra la muerte de Roland, supuesto sobrino de Carlomagno, en la batalla de Roncesvalles, en que la retaguardia de las fuerzas carolingias -al mando de Roland- fue emboscada por sarracenos. Al conocer la noticia de la muerte de su sobrino y de buena parte de su ejército, Carlomagno decide contraatacar. Persigue a los mahometanos, que se baten en retirada y sucumben en el río Ebro.

Crédito: http://lachansonderoland.d-t-x.com/pages/FRpage13A.html

El relato épico no es verista. Además de atribuirse a Carlomagno y a Roland un vínculo familiar, se atribuye a los sarrecenos y no a los vascones el ataque en Roncesvalles. Roland cuenta con un olifante (cuerno de marfil), cuyo sonido puede oírse a enormes distancias, para poder advertir a su tío de un peligro o, eventualmente, pedirle auxilio.

Crédito: http://lachansonderoland.d-t-x.com/pages/FRpage09.html


La muerte de Roland

En la Chanson de Roland el relato de la muerte del héroe es bello, sublime. Comprende las tiradas CLXVIII a CLXXVII: desde que Roland siente la proximidad de la muerte, defiende su espada Durandarte -portadora de santas reliquias- de un sarraceno hasta que, luego del acto de contrición, su alma es conducida por ángeles al Cielo.

                                              Roland en el Cielo (detalle).
                                      Crédito e imagen completa en:  
                     http://lachansonderoland.d-t-x.com/pages/FRpage12.html 



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Recursos:

  • Sitio dedicado a la Chanson de Roland, con ilustraciones y textos breves que sintetizan la historia, información contextual sobre el Cantar e iconografía:
http://lachansonderoland.d-t-x.com/index.html


  • Música medieval y recreación de fragmentos de la Chanson de Roland (Canadá, 1981).

La muerte de Roland 2 / 2


Fragmento de la Chanson de Roland, que corresponde a la muerte del héroe (tiradas CLXVIII a CLXXVII).


CLXVIII

Siente Rolando que se aproxima su muerte. Por los oídos se le derraman los sesos. Ruega a Dios por sus pares, para que los llame a Él; y luego, por sí mismo, invoca al ángel Gabriel. Toma el olifante, para que nadie pueda hacerle reproche, y con la otra mano se aferra a Durandarte, su espada. A través de un barbecho, se encamina hacia España, recorriendo poco más que el alcance de un tiro de ballesta. Trepa por un altozano. Allí, bajo dos hermosos árboles, hay cuatro gradas de mármol. Cae de espaldas sobre la hierba verde. Y se desmaya
nuevamente, porque está próximo su fin.
 
CLXIX
 
Altas son las cumbres y grandes los árboles. Hay allí cuatro gradas, hechas de mármol, que relucen. Sobre la verde hierba el conde Rolando ha caído desmayado. Y he aquí que un sarraceno no cesa de vigilarlo; ha simulado estar muerto y yace entre los demás, con el cuerpo y el rostro manchados de sangre. Se yergue sobre sus pies y se aproxima corriendo. Es gallardo y robusto, y de gran valor; su orgullo lo empuja a cometer la locura que lo perderá. Toma en sus brazos a Rolando, su cuerpo y sus armas y dice estas palabras:
—¡Vencido está el sobrino de Carlos! ¡Esta espada a Arabia me la he de llevar! Al sentirlo forcejear, el conde vuelve un poco en sí.

CLXX

Rolando siente que lo quieren despojar de su espada. Abre los ojos y exclama:
—¡Tú no eres de los nuestros, que yo sepa!
Tiene aún en la mano el olifante, que no ha querido soltar; con él golpea al infiel sobre su yelmo adornado con pedrerías y recamado de oro. Rompe el acero, el cráneo y los huesos, hace rodar fuera de la cabeza los dos ojos y ante sus pies lo derriba muerto. Después le dice:
—Infiel, hijo de siervo, ¿cómo tuviste bastante osadía para apoderarte de mí, fuera o no tu derecho? ¡Todo aquel que te lo oyera decir te tendría por loco! He aquí quebrado el pabellón de
mi olifante; el oro y el cristal se han desprendido.
 
CLXXI
 
Rolando siente que se le nubla la vista. Se incorpora, poniendo en ello todo su esfuerzo. Su rostro ha perdido el color. Tiene ante él una roca parda; da contra ella diez golpes, lleno de dolor y encono. Gime el acero, mas no se rompe ni se mella.
—¡Ah! —exclama el conde—. ¡Socórreme, Santa María! ¡Ah, Durandarte, mi
buena Durandarte, lástima de vos! Voy a morir, y dejaréis de estar a mi cuidado.

¡He ganado por vos tantas batallas campales, por vos he conquistado tantos
anchos territorios que ahora domina Carlos, el de la barba blanca! ¡No caeréis jamás en las manos de un hombre que ante su semejante pueda darse a la fuga! Durante largo tiempo pertenecisteis a un buen vasallo; jamás habrá espada que os valga en Francia, la Santa.
 
CLXXII
 
Hiere Rolando las gradas de sardónice. Gime el acero, mas no se astilla ni se mella. Al ver el conde que no puede quebrarla, comienza a lamentarse para sí:
—¡Ah, Durandarte, qué bella eres, qué clara y brillante! ¡Cómo luces y centelleas al sol! Hallábase Carlos en los valles de Moriana cuando le ordenó Dios por intermedio de un ángel que te donase a uno de sus condes capitanes: entonces te ciñó a mi lado, el rey grande y gentil. Por ti conquisté el Anjeo y la Bretaña, por ti me apoderé del Poitou y del Maine. Gracias a ti lo hice dueño de la franca Normandía, de Provenza y Aquitania, de Lombardía y de toda la Romana. Por ti vencí en Baviera, conquisté Flandes y Borgoña, y la Apulia toda; y también Constantinopla, de la que recibió pleitesía, y Sajonia, donde es amo y señor. Por ti domeñé Escocia e Inglaterra, su cámara, según él decía. Por ti gané cuantas comarcas posee Carlos, el de la barba blanca. Por esta espada siento dolor y lástima. ¡Antes morir que dejársela a los infieles! ¡Dios, Padre nuestro, no permitáis que Francia sufra tal menoscabo!

CLXXIII

Hiere Rolando la parda roca, y la quiebra de un modo que no os podría decir. Rechina la espada, mas no se astilla ni se parte, y rebota hacia los cielos. Cuando advierte el conde que no podrá romperla, la plañe, para sí, con gran dulzura:
—¡Ah, Durandarte, qué bella eres, y qué santa! Tu pomo de oro rebosa de reliquias: un diente de San Pedro, sangre de San Basilio, cabellos de monseñor San Dionisio y un pedazo del manto de Santa María. No es justicia que caigas en poder de los infieles;
cristianos han de ser los que te sirvan. ¡Plegue a Dios que nunca vengas a manos de un cobarde! Tantas anchurosas tierras he conquistado contigo para Carlos, el de la barba florida. Por ellas alcanzó el emperador poderío y riqueza.

CLXXIV

Siente Rolando que la muerte arrebata todo su cuerpo: de su cabeza desciende hasta el corazón. Corre apresurado a guarecerse bajo un pino, y se tiende de bruces sobre la verde hierba. Debajo de él pone su espada y su olifante. Vuelve la faz hacia las huestes infieles, pues quiere que Carlos y los suyos digan que ha muerto vencedor, el gentil conde. Débil e insistentemente, golpea su pecho, diciendo su acto de contrición. Por sus pecados, tiende hacia Dios su
guante.

CLXXV

Rolando siente que ha llegado su última hora. Está recostado sobre un abrupto altozano, con el rostro vuelto hacia España. Con una de sus manos se golpea el pecho:
—¡Dios, por tu gracia, mea culpa por todos los pecados, grandes y leves, que cometí desde el día de mi nacimiento hasta éste, en que me ves aquí postrado! Enarbola hacia Dios el guante derecho. Los ángeles del cielo descienden hasta él.

CLXXVI

Recostado bajo un pino está el conde Rolando, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria: las tierras que ha conquistado el valiente de Francia, la dulce; los hombres de su linaje; Carlomagno, su señor, que lo mantenía. Llora por ello y suspira, no puede contenerse. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios:
—¡Padre verdadero, que jamás dijo mentira, Tú que resucitaste a Lázaro de entre los muertos, Tú que salvaste a Daniel de los leones, salva también mi alma de todos los peligros, por los pecados que cometí en mi vida!
A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido San Gabriel. Sobre el brazo reclina la cabeza; juntas las manos, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevando el alma del conde.

CLXXVII

Ha muerto Rolando; Dios ha recibido su alma en los cielos. El emperador llega a Roncesvalles [...].


Roland intenta en vano romper su espada Durandarte; y por sus pecados ofrece a Dios su guante derecho, que es recibido por el Arcángel San Gabriel.
Carlomagno encuentra muerto a Roland, con su espada y el olifante. San Gabriel, que por mandato de Dios guarda a Carlomagno, alza la mano y traza sobre él el signo de la cruz. 


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Traducción de la Chanson de Roland. Texto completo en español, prosificado.

http://www.instituto127.com.ar/Bibliodigital/Anonimo_lacancionderolando.pdf